domingo, 7 de julio de 2024

˚ ༘♡ ⋆。˚ ❀ Torn in two: El corazón de cristal ˚ ༘♡ ⋆。˚ ❀ // Capítulo 1

 

Capítulo 1


Rosemary dejó de escribir, posó la pluma en un pequeño soporte de madera y suspiró. Palpó ligeramente el moño en el que estaba recogido su pelo castaño oscuro, a la altura de la nuca, para asegurarse de que ningún mechón se hubiese soltado, y dejó que pasasen los segundos mientras miraba por la ventana del despacho, a su derecha. 

Victor y John llevaban ya unos cuantos días lejos de la ciudad. Un corto mensaje de tía Ethel había llegado la semana pasada, pidiéndole a Victor acudir a la finca familiar, ya que debían firmarse ciertos documentos relacionados con el título de la propiedad, y Victor, a sus 28 años, era el heredero oficial y por tanto el responsable de aquella tediosas gestiones. Por fortuna, John se dedicaba precisamente a las gestiones bancarias, así que una vez más, había demostrado ser la pareja perfecta para Victor. Su hermano, pensó Rosemary, no había podido encontrar mejor compañero de vida que el bueno de Johnny.

Dado que iba a ser una visita tan corta, el modesto y joven lord ni siquiera había pensado en que su hermanita menor les acompañase a la casa de su infancia esta vez, y Rosemary tampoco había insistido mucho en ello por causa de su trabajo, pero en aquella fría y nublada mañana de primavera, sintió que se arrepentía un poco. Ver a tía Ethel siempre era maravilloso, aunque la dama fuese estricta, y la campiña inglesa en la que se había criado era su hábitat natural, donde se sentía más libre y querida. No siempre había sido así, por supuesto, pero los recuerdos de aquel terrible suceso del pasado apenas acudían ya a su mente. 

Al fin y al cabo, su vida como joven en la capital la mantenía lo suficientemente ocupada, y no le estaba yendo mal en el campo académico y laboral. En lo personal, bueno... Daba gracias de no sentir absolutamente nada por nadie, y de que nadie sintiese absolutamente nada por ella. Aquella puerta, la de sus sentimientos intensos y profundos, no debía abrirse.

-¿Profesora Allingham?

Una vocecilla aguda y tímida la sacó de su ensimismamiento. Rosemary se levantó de su escritorio semi-oculto en un rincón del despacho y lo cruzó, para encontrarse con una joven alumnita a la que no recordaba haber visto nunca.

-Buenos días -Sonrió con ternura- Supongo que te refieres al profesor Victor Allingham. En estos momentos no se encuentra en la universidad, pero si quieres que te atienda, volverá mañana por la mañana. 

-No, no busco al profesor...-La chiquilla parecía confusa y algo incómoda por estar allí sola- Es que... me mandan a entregar esto y.... Me ha dicho que es para la profesora Allingham, que seguramente la encontraría aquí.- Agitó un pequeño cuadradito de papel que llevaba entre los dedos de la mano derecha, cubierta por un fino guantecito de encaje blanco.

Rosemary suspiró con sorna. Aquello ya le estaba resultando familiar.

-¿Primer año?

-¿Quién, yo? Sí...

-¿Geología en el edificio 3?

-Eeh... sí.

-Me quedaré el mensaje entonces, no te preocupes, es para mí- La chica le entregó el recorte de papel aún algo apurada- Pero por favor, dile al profesor Leeks que no soy profesora, sino una simple secretaria, y que no os haga perder el tiempo a sus alumnos trayendo mensajitos inútiles a un despacho tan serio como este.

-Sí, claro... por supuesto que se lo diré- La tímida muchachita de primer curso desapareció rápidamente del despacho para volver a clase, y Rosemary sonrió, absolutamente convencida de que aquella indefensa criatura no le diría ni una palabra de su mensaje al profesor Leeks.

Rosemary volvió a su escritorio, y sin llegar a sentarse, apoyada en el lateral que daba a la ventana, desplegó el papelito y leyó su contenido:

1p.m.. Especial menú doble de pastel de pollo con salsa en el café detrás de la parada del autobús. No dejes que me coma dos menús yo solo (Puedo, pero no lo deseo). Sé que no has traído almuerzo. A.L.

Rosemary sonrió. Estúpido Andrew, siempre creyendo que lo controlaba todo. Pero era cierto, no había traído almuerzo. Alzó la vista hacia la izquierda para ver el enorme reloj de pared (traído desde el campo) que su hermano había decidido colgar junto a su escritorio. Faltaban diez minutos para la una y ese menú sonaba delicioso. Puso los ojos en blanco un momento, valorando sus opciones. A falta de un hermano mayor presente, almorzar con el mejor amigo de dicho hermano y nombrado hermano mayor sustituto "en caso de emergencia" (Como siempre declaraba Victor) era quizá mejor que comprar algún sándwich en la cafetería de la universidad y comerlo a tristes bocados, sola, en el despacho.  Tan sólo esperaba que Andrew hablase de algo más que de investigaciones, yacimientos y rocas, porque a veces aquel muchacho se dejaba llevar demasiado por sus pasiones.

El corazón de Rosemary latió fuerte un par de veces. Durante menos de un segundo, su cuerpo, casi antes que su mente, recordó su aliento cálido recorriendo su oreja y su cuello, el tacto de sus manos y un destello de su voz grave.

Tan rápida como una centella, Rosemary arrugó el papel y lo tiró a su escritorio, agarró de dos tirones su bolsito marrón, su chal del mismo color y su sombrerito azul marino a conjunto con el vestido que llevaba, y salió del despacho con un portazo y cerrando con llave. Era la hora del almuerzo y aquella puerta, la de sus sentimientos intensos y profundos, no debía abrirse. Bajo ningún concepto.

*  *  *

-...Al final, creo que acabaré acudiendo a la cita. Victor y tú estaréis aquí dentro de tres semanas, ¿Verdad?

Rosemary detuvo su paseo y miró a Andrew directamente a la cara.

-Discúlpame, pero vas a tener que repetir eso último que has dicho, porque no te he entendido del todo...

-¿Toda la historia?- Andrew la miró burlón- Rosemary, tu trabajo secreto está destruyendo esa mente clarividente que siempre has tenido- Agitó las manos levemente alrededor de la cabeza de Rosemary, como si estuviese agitándola de forma ficticia.

-No seas inconsciente, por favor- Rosemary apartó las manos de Andrew con un ligero toque. No se comportaba de forma despistada por su "trabajo secreto". Era por aquella estúpida situación que estaban viviendo.

Los dos habían almorzado de forma tranquila y amistosa el prometido menú que Andrew tanto estaba deseando probar, que había resultado estar delicioso y que el joven profesor insistió en pagar. Habían vuelto caminando juntos a la universidad, dando una amplia vuelta por los jardines en los que muchísimos grupos de estudiantes se reunían, a pesar del cielo nublado, y habían charlado sobre varios intereses y temas comunes sin aburrirse ni un momento. Andrew era bastante divertido y ocurrente tras su fachada seria y pragmática, e incluso garabateó algunos bocetos de frutas y flores en una pequeña libreta y quiso saber la opinión de Rosemary acerca de sus creaciones. Ahora, caminaban de vuelta hacia el edificio donde se encontraba su despacho, continuando con su agradable charla.

En circunstancias normales, Rosemary habría estado encantada de pasar aquel rato en compañía de una amistad tan consolidada como la que tenía con Andrew, pero aquello le estaba recordando demasiado a aquel día... A aquella noche de dos años atrás. No podía, ni quería permitirse, pensar en aquello, ya que ni ella ni el compañero de su hermano habían mencionado aquel asunto jamás, pero así había empezado, con un almuerzo y un paseo juntos y con Victor y John fuera de la ciudad. De todas formas, Andrew parecía no darse cuenta de absolutamente nada, y ella misma sabía que esta vez, el mismo final era imposible: Aquella misma tarde, Victor y John llegarían del campo, y habían acordado en parar en la universidad para recoger a Rosemary tras su tarde de trabajo y por fin, volver todos juntos a casa. No haría ninguna falta que Andrew la acompañase a ningún sitio, y eso la aliviaba. Ya casi llegaban al edificio donde estaban ubicados los despachos de las asignaturas de ciencias, y su charla acabaría pronto.

-Te estaba ofreciendo venir con tu hermano y conmigo a ver la obra de teatro de los alumnos de primer curso, dentro de tres semanas. Normalmente nunca acudimos a esos eventos, pero este año hay muchos alumnos de ciencias en el club de teatro, fenómeno inusual, y han insistido bastante en que todos los profesores vayamos a verles. Nonó también nos ha invitado de forma personal, así que ahora me siento un poco comprometido.- Continuaba hablando Andrew.

-¡Oh! Así que Nonó, ¿Eh?- Noémie, apodada Nonó, era una acomodada dama francesa que impartía clases de dramaturgia y teatro en la universidad- Ya veo, nuestro querido Andrew se siete comprometido por los encantos de la "Dame du drame"- Rosemary se rio burlona mientras entraban en el edificio y comenzaban a subir los 4 tramos de escaleras que les separaban del despacho- ¿Pues sabes qué creo? Que un profesor de geología y una dramaturga harían un matrimonio estupendo -Se llevó la mano al corazón en un gesto de fingido dramatismo.

-Creo que debo darte la razón, especialmente teniendo en cuenta que las secretarias a las que invito a almorzar a solas no me hacen ningún caso -Andrew se rio entre dientes mientras Rosemary resoplaba y ponía los ojos en blanco de nuevo. Sin darle tiempo a replicar, el joven continuó mientras remontaban el último tramo de escaleras y entraban en el largo pasillo que les separaba de la puerta- Vamos, animaos y hacedme compañía. Por lo que tengo entendido, es una versión actualizada del Enrique VIII de Shakespeare...

En aquel momento, una voz metálica y autoritaria les interrumpió, mientras Andrew buscaba las llaves de la puerta del despacho en los bolsillos de su chaqueta. Era Miss Prudence, la implacable profesora de química que ocupaba el despacho contiguo al suyo, y toda una figura de longevidad y autoridad absoluta en la universidad.

-¡Leeks! ¿Ha logrado usted hablar con el muchacho que ha venido a buscarles?

- Buenas tardes, Prudence. Como ve, acabamos de llegar de nuestra pausa para almorzar, así que no he tenido la oportunidad de hablar con nadie. ¿Era otra vez un alumno novato? Comprenda que en su primer año suelen sentirse inseguros, y necesitan mucho del asesoramiento de los docentes...

-¡El problema parece ser que ni su compañero, ni usted, ni la secretaria de ambos, se encuentran nunca en sus puestos de trabajo! Y el muchacho, que por cierto no era lo suficientemente joven como para ser ningún alumno, ha acudido a mi despacho y ha insistido muchísimo en hablar con Allingham o con usted a toda costa, a pesar de que le he repetido que ninguno se encontraba presente. Incluso ha dejado una carta para Allingham, y me ha repetido mil veces la extrema importancia del asunto.

-Con tanta insistencia y hablando usted de una carta... No creo que fuese ningún estudiante. Quizá se trate de alguno de los benefactores a los que intentamos convencer para que financien nuestros proyectos- Mientras Andrew continuaba con la conversación, Rosemary, que había permanecido en silencio, sacó sus propias llaves de su bolsito y abrió la puerta del despacho- Si me entrega la carta, con gusto podremos dar el tema por zanjado.

Miss Prudence le entregó un sobre a Andrew aún con tono de queja:

-Lo que no me explico es cómo no se han cruzado ustedes en las escaleras. ¡Acaba de irse! Estoy convencida de que en estos momentos estará apenas saliendo del edificio.

Andrew se giró hacia Rosemary, pasándose levemente los dedos por sus ondas pelirrojas y atusándose la barba anaranjada. 

-¿Nos hemos cruzado con alguien en las escaleras?

-Si soy completamente sincera...- Rosemary sonrió ampliamente y se encogió de hombros- No me he dado cuenta. 

-Esta juventud, señor, ¡Esta juventud! Tengan sus asuntos mejor atados si quieren conservar sus puestos de trabajo y ese despacho en condiciones óptimas, ¡Hagan el favor! -Y con aquellas palabras, la veterana profesora volvió a su apasionante despacho y cerró la puerta.

Los dos protagonistas del asunto entraron al fin en su despacho intentando disimular la risa, Rosemary mucho más relajada, colgando su sombrerito de nuevo en el perchero de la entrada, y Andrew portando el sobre en una mano. Comentando levemente los curiosos hechos, ambos se dirigieron a sus respectivos escritorios, separados por una estantería que originalmente había servido para diferenciar el espacio de trabajo de Andrew del de Victor. Mientras ella organizaba unos cuantos documentos esparcidos por su escritorio, Andrew soltó una exclamación.

-¡Oh! No había leído la inscripción del sobre, y seguramente Prudence tampoco- Sonrió y continuó con tono alegre- Parece que todos nos hemos equivocado con el misterioso visitante y su cartita. Resulta que ni era un alumno, ni era ningún benefactor.

-¿Por qué lo dices?- Preguntó Rosemary, sin levantar la vista de sus documentos.

Andrew se asomó por detrás de la estantería y agitó el sobre alegremente.

-Porque la carta no es para Victor Allingham, sino nada menos que para la señorita Rosemary Allingham.

-Oh, vamos Andrew, no me vas a gastar la misma broma dos veces el mismo día- Rosemary continuó organizando documentos y guardándolos en un portadocumentos.

-Te lo digo enserio, el sobre tiene escrito tu nombre- Andrew lo dejó en el escritorio y volvió a su sitio- Que quieras leer su contenido aquí o no, es una decisión tuya.

Rosemary dirigió sus ojos azules, por fin, hacia el sobre. Era un sobre liso y muy corriente, pero en efecto, tal y como el amigo que tanto la hacía rabiar le había asegurado, allí estaban plasmadas unas letras, con una elegantísima caligrafía, que formaban el título de "Lady RoseMary Allingham".

-¿Lady?- Murmuró Rosemary, más para sí misma que en voz realmente alta- Nadie suele dirigirse a mí en esos términos...

Deslizó las yemas de los dedos por el sobre y lo recogió entre sus manos. El objeto era en realidad de lo más corriente, por lo que no podría obtener más información si no lo abría y leía la carta que contenía. Andrew se encontraba en silencio por fin, trabajando en su escritorio, y parecía no prestarle más atención. Rosemary rasgó el sobre y extrajo un pliego de papel cuidadosamente doblado, pero que una vez desplegado resultó ser una carta más bien extensa. 

-¿Qué es esto?- Exclamó, en un volumen algo más alto, sin darse cuenta. En cuanto comenzó a leer las primeras líneas y creyó identificar la letra y al autor de aquello, sintió una corriente invisible helarle la sangre, y cómo su cuerpo parecía descomponerse.

A mi adorada Rosemary:

Deseo, con todo mi corazón, que esta misiva acabe entre tus manos mediante la buena voluntad de tu hermano Victor, al que siempre he respetado profundamente y en cuyo buen juicio confío de forma ciega, y al que yo le entregaré mi mensaje con mis propias manos. Necesito que leas...

Rosemary, sin poder leer más, tiró la carta y el sobre al escritorio como si ardiesen entre sus dedos. Con las pupilas contraídas por el horror y una horrorosa sensación de asfixia que la hizo comenzar a respirar ruidosamente por la boca, logró emitir un hilo de voz que Andrew apenas oyó:

-Prudence dijo que estaba aquí...

-¿Cómo?- Andrew se inclinó levemente desde su asiento- Rosemary... ¿Estás bien?

-¡Prudence dijo que ese hombre seguía en el edificio!- Gritó, antes de salir corriendo de una forma atropellada e irregular. Cruzó el despacho en un suspiro, sin dar a Andrew tiempo a reaccionar siquiera, abrió la puerta de un golpe y prácticamente se precipitó hacia la ventana más cercana del pasillo, que abrió a la fuerza haciendo chirriar los goznes del marco metálico y formando mucho más escándalo del que normalmente había en aquel sobrio lugar.

Sacó la cabeza y el cuello al exterior, casi hasta la altura de las clavículas, mirando frenéticamente todos los rincones de los jardines de la universidad, hasta donde alcanzaba su vista. Ni siquiera estaba segura de qué estaba buscando exactamente, pero sabía que si él estaba allí, si de verdad eso era posible, reconocería su figura entre cientos.
Alumnos, profesores, trabajadores de la universidad y gente de a pie que usaba los jardines de la universidad como sitio de paso se entremezclaban en aquella tarde nublada y fría que se oscurecía por momentos. Todo el mundo charlaba, caminaba de un lado a otro y compartía conversaciones sin ver a aquella muchacha en la ventana, pálida como un cadáver y con lágrimas en los ojos que respiraba con cada vez más dificultad.

No podía distinguir nada con claridad. Estaba a punto de volver al despacho, de convencerse de que nada de aquello era posible y de que de alguna manera aquella carta debía ser un error, cuando de repente lo vio.

Había salido del edificio y había cruzado los jardines sorteando a los viandantes. Lo vio, algo alejado pero perfectamente distinguible, de espaldas, un muchacho joven y de porte elegante aunque algo descuidado que vestía un caro traje oscuro, probablemente de color azul marino. Hablaba con un hombre que llevaba una pequeña calesa y que en ese momento se encontraba detenido, próximo a una de las salidas de la universidad. Si tan sólo se quitase el sombrero... Si girase el rostro hacia un lado...
Y así lo hizo, durante un momento, justo antes de subirse a la calesa. Rosemary vio aparecer unos bucles castaños de textura perfecta, una mandíbula más bien afilada y, estaba segura aunque a aquella distancia fuese indistinguible, un lunar en la mejilla derecha. Profirió una ruidosa exclamación ahogada involuntaria, mezcla de horror y sorpresa, y en ese momento sintió un tirón en el hombro izquierdo que la apartó, al fin, de la maldita ventana. Se trataba, por supuesto, de Andrew.

-¡Rosemary! Me estás asustando, ¡Estás muy pálida! ¿Y esa carrera sin previo aviso? ¡Necesito saber si estás bien!

Ella no contestó. De nuevo, como una exhalación, entró en el despacho sin dar tiempo a su amigo a que reaccionase de ninguna manera. A tirones y con movimientos bruscos, metió la carta y el sobre, hechos una bola, en su bolsito, cogió sus pertenencias de mala manera y se dispuso a marcharse a casa a la carrera. Pero Andrew la detuvo de nuevo, cerrando la puerta.

-¡Rose! -Él debía estar también nervioso, pues casi nunca la llamaba así- Basta por favor, no comprendo por qué te encuentras tan alterada. No hace falta que me des detalles si el asunto es familiar o íntimo, pero quiero saber si necesitas ayuda y...

-¡No ha pasado absolutamente nada! Me voy a casa porque me encuentro un poco mareada- Clavó sus ojos en los cálidos ojos marrones del muchacho- No insistas más, Andrew. Con el control de Victor ya tengo suficiente.

Él resopló, disgustado. Iba a contestarle cuando Rosemary alcanzó el pomo de la puerta, pero no llegó a girarlo, pues todo su cuerpo se sacudió, haciendo que la joven se tambalease y que sus cosas cayeran al suelo. Antes de poder siquiera pedir ayuda, se encontró entre los cálidos brazos de Andrew, cosa que agradeció inmensamente, pues la vista se le estaba nublando.

-¡Rose! Rose, no cierres los ojos. Háblame. Por favor, cuéntame qué necesitas, qué te ha ocurrido...¿Qué has leído en esa condenada carta?

-Andrew...-Rosemary posó su mano levemente en la mejilla de su adorado amigo- Creo que he visto un fantasma- Fue todo lo que la damita alcanzó a decir antes de desmayarse.