domingo, 7 de julio de 2024

˚ ༘♡ ⋆。˚ ❀ Torn in two: El corazón de cristal ˚ ༘♡ ⋆。˚ ❀ // Capítulo 1

 

Capítulo 1


Rosemary dejó de escribir, posó la pluma en un pequeño soporte de madera y suspiró. Palpó ligeramente el moño en el que estaba recogido su pelo castaño oscuro, a la altura de la nuca, para asegurarse de que ningún mechón se hubiese soltado, y dejó que pasasen los segundos mientras miraba por la ventana del despacho, a su derecha. 

Victor y John llevaban ya unos cuantos días lejos de la ciudad. Un corto mensaje de tía Ethel había llegado la semana pasada, pidiéndole a Victor acudir a la finca familiar, ya que debían firmarse ciertos documentos relacionados con el título de la propiedad, y Victor, a sus 28 años, era el heredero oficial y por tanto el responsable de aquella tediosas gestiones. Por fortuna, John se dedicaba precisamente a las gestiones bancarias, así que una vez más, había demostrado ser la pareja perfecta para Victor. Su hermano, pensó Rosemary, no había podido encontrar mejor compañero de vida que el bueno de Johnny.

Dado que iba a ser una visita tan corta, el modesto y joven lord ni siquiera había pensado en que su hermanita menor les acompañase a la casa de su infancia esta vez, y Rosemary tampoco había insistido mucho en ello por causa de su trabajo, pero en aquella fría y nublada mañana de primavera, sintió que se arrepentía un poco. Ver a tía Ethel siempre era maravilloso, aunque la dama fuese estricta, y la campiña inglesa en la que se había criado era su hábitat natural, donde se sentía más libre y querida. No siempre había sido así, por supuesto, pero los recuerdos de aquel terrible suceso del pasado apenas acudían ya a su mente. 

Al fin y al cabo, su vida como joven en la capital la mantenía lo suficientemente ocupada, y no le estaba yendo mal en el campo académico y laboral. En lo personal, bueno... Daba gracias de no sentir absolutamente nada por nadie, y de que nadie sintiese absolutamente nada por ella. Aquella puerta, la de sus sentimientos intensos y profundos, no debía abrirse.

-¿Profesora Allingham?

Una vocecilla aguda y tímida la sacó de su ensimismamiento. Rosemary se levantó de su escritorio semi-oculto en un rincón del despacho y lo cruzó, para encontrarse con una joven alumnita a la que no recordaba haber visto nunca.

-Buenos días -Sonrió con ternura- Supongo que te refieres al profesor Victor Allingham. En estos momentos no se encuentra en la universidad, pero si quieres que te atienda, volverá mañana por la mañana. 

-No, no busco al profesor...-La chiquilla parecía confusa y algo incómoda por estar allí sola- Es que... me mandan a entregar esto y.... Me ha dicho que es para la profesora Allingham, que seguramente la encontraría aquí.- Agitó un pequeño cuadradito de papel que llevaba entre los dedos de la mano derecha, cubierta por un fino guantecito de encaje blanco.

Rosemary suspiró con sorna. Aquello ya le estaba resultando familiar.

-¿Primer año?

-¿Quién, yo? Sí...

-¿Geología en el edificio 3?

-Eeh... sí.

-Me quedaré el mensaje entonces, no te preocupes, es para mí- La chica le entregó el recorte de papel aún algo apurada- Pero por favor, dile al profesor Leeks que no soy profesora, sino una simple secretaria, y que no os haga perder el tiempo a sus alumnos trayendo mensajitos inútiles a un despacho tan serio como este.

-Sí, claro... por supuesto que se lo diré- La tímida muchachita de primer curso desapareció rápidamente del despacho para volver a clase, y Rosemary sonrió, absolutamente convencida de que aquella indefensa criatura no le diría ni una palabra de su mensaje al profesor Leeks.

Rosemary volvió a su escritorio, y sin llegar a sentarse, apoyada en el lateral que daba a la ventana, desplegó el papelito y leyó su contenido:

1p.m.. Especial menú doble de pastel de pollo con salsa en el café detrás de la parada del autobús. No dejes que me coma dos menús yo solo (Puedo, pero no lo deseo). Sé que no has traído almuerzo. A.L.

Rosemary sonrió. Estúpido Andrew, siempre creyendo que lo controlaba todo. Pero era cierto, no había traído almuerzo. Alzó la vista hacia la izquierda para ver el enorme reloj de pared (traído desde el campo) que su hermano había decidido colgar junto a su escritorio. Faltaban diez minutos para la una y ese menú sonaba delicioso. Puso los ojos en blanco un momento, valorando sus opciones. A falta de un hermano mayor presente, almorzar con el mejor amigo de dicho hermano y nombrado hermano mayor sustituto "en caso de emergencia" (Como siempre declaraba Victor) era quizá mejor que comprar algún sándwich en la cafetería de la universidad y comerlo a tristes bocados, sola, en el despacho.  Tan sólo esperaba que Andrew hablase de algo más que de investigaciones, yacimientos y rocas, porque a veces aquel muchacho se dejaba llevar demasiado por sus pasiones.

El corazón de Rosemary latió fuerte un par de veces. Durante menos de un segundo, su cuerpo, casi antes que su mente, recordó su aliento cálido recorriendo su oreja y su cuello, el tacto de sus manos y un destello de su voz grave.

Tan rápida como una centella, Rosemary arrugó el papel y lo tiró a su escritorio, agarró de dos tirones su bolsito marrón, su chal del mismo color y su sombrerito azul marino a conjunto con el vestido que llevaba, y salió del despacho con un portazo y cerrando con llave. Era la hora del almuerzo y aquella puerta, la de sus sentimientos intensos y profundos, no debía abrirse. Bajo ningún concepto.

*  *  *

-...Al final, creo que acabaré acudiendo a la cita. Victor y tú estaréis aquí dentro de tres semanas, ¿Verdad?

Rosemary detuvo su paseo y miró a Andrew directamente a la cara.

-Discúlpame, pero vas a tener que repetir eso último que has dicho, porque no te he entendido del todo...

-¿Toda la historia?- Andrew la miró burlón- Rosemary, tu trabajo secreto está destruyendo esa mente clarividente que siempre has tenido- Agitó las manos levemente alrededor de la cabeza de Rosemary, como si estuviese agitándola de forma ficticia.

-No seas inconsciente, por favor- Rosemary apartó las manos de Andrew con un ligero toque. No se comportaba de forma despistada por su "trabajo secreto". Era por aquella estúpida situación que estaban viviendo.

Los dos habían almorzado de forma tranquila y amistosa el prometido menú que Andrew tanto estaba deseando probar, que había resultado estar delicioso y que el joven profesor insistió en pagar. Habían vuelto caminando juntos a la universidad, dando una amplia vuelta por los jardines en los que muchísimos grupos de estudiantes se reunían, a pesar del cielo nublado, y habían charlado sobre varios intereses y temas comunes sin aburrirse ni un momento. Andrew era bastante divertido y ocurrente tras su fachada seria y pragmática, e incluso garabateó algunos bocetos de frutas y flores en una pequeña libreta y quiso saber la opinión de Rosemary acerca de sus creaciones. Ahora, caminaban de vuelta hacia el edificio donde se encontraba su despacho, continuando con su agradable charla.

En circunstancias normales, Rosemary habría estado encantada de pasar aquel rato en compañía de una amistad tan consolidada como la que tenía con Andrew, pero aquello le estaba recordando demasiado a aquel día... A aquella noche de dos años atrás. No podía, ni quería permitirse, pensar en aquello, ya que ni ella ni el compañero de su hermano habían mencionado aquel asunto jamás, pero así había empezado, con un almuerzo y un paseo juntos y con Victor y John fuera de la ciudad. De todas formas, Andrew parecía no darse cuenta de absolutamente nada, y ella misma sabía que esta vez, el mismo final era imposible: Aquella misma tarde, Victor y John llegarían del campo, y habían acordado en parar en la universidad para recoger a Rosemary tras su tarde de trabajo y por fin, volver todos juntos a casa. No haría ninguna falta que Andrew la acompañase a ningún sitio, y eso la aliviaba. Ya casi llegaban al edificio donde estaban ubicados los despachos de las asignaturas de ciencias, y su charla acabaría pronto.

-Te estaba ofreciendo venir con tu hermano y conmigo a ver la obra de teatro de los alumnos de primer curso, dentro de tres semanas. Normalmente nunca acudimos a esos eventos, pero este año hay muchos alumnos de ciencias en el club de teatro, fenómeno inusual, y han insistido bastante en que todos los profesores vayamos a verles. Nonó también nos ha invitado de forma personal, así que ahora me siento un poco comprometido.- Continuaba hablando Andrew.

-¡Oh! Así que Nonó, ¿Eh?- Noémie, apodada Nonó, era una acomodada dama francesa que impartía clases de dramaturgia y teatro en la universidad- Ya veo, nuestro querido Andrew se siete comprometido por los encantos de la "Dame du drame"- Rosemary se rio burlona mientras entraban en el edificio y comenzaban a subir los 4 tramos de escaleras que les separaban del despacho- ¿Pues sabes qué creo? Que un profesor de geología y una dramaturga harían un matrimonio estupendo -Se llevó la mano al corazón en un gesto de fingido dramatismo.

-Creo que debo darte la razón, especialmente teniendo en cuenta que las secretarias a las que invito a almorzar a solas no me hacen ningún caso -Andrew se rio entre dientes mientras Rosemary resoplaba y ponía los ojos en blanco de nuevo. Sin darle tiempo a replicar, el joven continuó mientras remontaban el último tramo de escaleras y entraban en el largo pasillo que les separaba de la puerta- Vamos, animaos y hacedme compañía. Por lo que tengo entendido, es una versión actualizada del Enrique VIII de Shakespeare...

En aquel momento, una voz metálica y autoritaria les interrumpió, mientras Andrew buscaba las llaves de la puerta del despacho en los bolsillos de su chaqueta. Era Miss Prudence, la implacable profesora de química que ocupaba el despacho contiguo al suyo, y toda una figura de longevidad y autoridad absoluta en la universidad.

-¡Leeks! ¿Ha logrado usted hablar con el muchacho que ha venido a buscarles?

- Buenas tardes, Prudence. Como ve, acabamos de llegar de nuestra pausa para almorzar, así que no he tenido la oportunidad de hablar con nadie. ¿Era otra vez un alumno novato? Comprenda que en su primer año suelen sentirse inseguros, y necesitan mucho del asesoramiento de los docentes...

-¡El problema parece ser que ni su compañero, ni usted, ni la secretaria de ambos, se encuentran nunca en sus puestos de trabajo! Y el muchacho, que por cierto no era lo suficientemente joven como para ser ningún alumno, ha acudido a mi despacho y ha insistido muchísimo en hablar con Allingham o con usted a toda costa, a pesar de que le he repetido que ninguno se encontraba presente. Incluso ha dejado una carta para Allingham, y me ha repetido mil veces la extrema importancia del asunto.

-Con tanta insistencia y hablando usted de una carta... No creo que fuese ningún estudiante. Quizá se trate de alguno de los benefactores a los que intentamos convencer para que financien nuestros proyectos- Mientras Andrew continuaba con la conversación, Rosemary, que había permanecido en silencio, sacó sus propias llaves de su bolsito y abrió la puerta del despacho- Si me entrega la carta, con gusto podremos dar el tema por zanjado.

Miss Prudence le entregó un sobre a Andrew aún con tono de queja:

-Lo que no me explico es cómo no se han cruzado ustedes en las escaleras. ¡Acaba de irse! Estoy convencida de que en estos momentos estará apenas saliendo del edificio.

Andrew se giró hacia Rosemary, pasándose levemente los dedos por sus ondas pelirrojas y atusándose la barba anaranjada. 

-¿Nos hemos cruzado con alguien en las escaleras?

-Si soy completamente sincera...- Rosemary sonrió ampliamente y se encogió de hombros- No me he dado cuenta. 

-Esta juventud, señor, ¡Esta juventud! Tengan sus asuntos mejor atados si quieren conservar sus puestos de trabajo y ese despacho en condiciones óptimas, ¡Hagan el favor! -Y con aquellas palabras, la veterana profesora volvió a su apasionante despacho y cerró la puerta.

Los dos protagonistas del asunto entraron al fin en su despacho intentando disimular la risa, Rosemary mucho más relajada, colgando su sombrerito de nuevo en el perchero de la entrada, y Andrew portando el sobre en una mano. Comentando levemente los curiosos hechos, ambos se dirigieron a sus respectivos escritorios, separados por una estantería que originalmente había servido para diferenciar el espacio de trabajo de Andrew del de Victor. Mientras ella organizaba unos cuantos documentos esparcidos por su escritorio, Andrew soltó una exclamación.

-¡Oh! No había leído la inscripción del sobre, y seguramente Prudence tampoco- Sonrió y continuó con tono alegre- Parece que todos nos hemos equivocado con el misterioso visitante y su cartita. Resulta que ni era un alumno, ni era ningún benefactor.

-¿Por qué lo dices?- Preguntó Rosemary, sin levantar la vista de sus documentos.

Andrew se asomó por detrás de la estantería y agitó el sobre alegremente.

-Porque la carta no es para Victor Allingham, sino nada menos que para la señorita Rosemary Allingham.

-Oh, vamos Andrew, no me vas a gastar la misma broma dos veces el mismo día- Rosemary continuó organizando documentos y guardándolos en un portadocumentos.

-Te lo digo enserio, el sobre tiene escrito tu nombre- Andrew lo dejó en el escritorio y volvió a su sitio- Que quieras leer su contenido aquí o no, es una decisión tuya.

Rosemary dirigió sus ojos azules, por fin, hacia el sobre. Era un sobre liso y muy corriente, pero en efecto, tal y como el amigo que tanto la hacía rabiar le había asegurado, allí estaban plasmadas unas letras, con una elegantísima caligrafía, que formaban el título de "Lady RoseMary Allingham".

-¿Lady?- Murmuró Rosemary, más para sí misma que en voz realmente alta- Nadie suele dirigirse a mí en esos términos...

Deslizó las yemas de los dedos por el sobre y lo recogió entre sus manos. El objeto era en realidad de lo más corriente, por lo que no podría obtener más información si no lo abría y leía la carta que contenía. Andrew se encontraba en silencio por fin, trabajando en su escritorio, y parecía no prestarle más atención. Rosemary rasgó el sobre y extrajo un pliego de papel cuidadosamente doblado, pero que una vez desplegado resultó ser una carta más bien extensa. 

-¿Qué es esto?- Exclamó, en un volumen algo más alto, sin darse cuenta. En cuanto comenzó a leer las primeras líneas y creyó identificar la letra y al autor de aquello, sintió una corriente invisible helarle la sangre, y cómo su cuerpo parecía descomponerse.

A mi adorada Rosemary:

Deseo, con todo mi corazón, que esta misiva acabe entre tus manos mediante la buena voluntad de tu hermano Victor, al que siempre he respetado profundamente y en cuyo buen juicio confío de forma ciega, y al que yo le entregaré mi mensaje con mis propias manos. Necesito que leas...

Rosemary, sin poder leer más, tiró la carta y el sobre al escritorio como si ardiesen entre sus dedos. Con las pupilas contraídas por el horror y una horrorosa sensación de asfixia que la hizo comenzar a respirar ruidosamente por la boca, logró emitir un hilo de voz que Andrew apenas oyó:

-Prudence dijo que estaba aquí...

-¿Cómo?- Andrew se inclinó levemente desde su asiento- Rosemary... ¿Estás bien?

-¡Prudence dijo que ese hombre seguía en el edificio!- Gritó, antes de salir corriendo de una forma atropellada e irregular. Cruzó el despacho en un suspiro, sin dar a Andrew tiempo a reaccionar siquiera, abrió la puerta de un golpe y prácticamente se precipitó hacia la ventana más cercana del pasillo, que abrió a la fuerza haciendo chirriar los goznes del marco metálico y formando mucho más escándalo del que normalmente había en aquel sobrio lugar.

Sacó la cabeza y el cuello al exterior, casi hasta la altura de las clavículas, mirando frenéticamente todos los rincones de los jardines de la universidad, hasta donde alcanzaba su vista. Ni siquiera estaba segura de qué estaba buscando exactamente, pero sabía que si él estaba allí, si de verdad eso era posible, reconocería su figura entre cientos.
Alumnos, profesores, trabajadores de la universidad y gente de a pie que usaba los jardines de la universidad como sitio de paso se entremezclaban en aquella tarde nublada y fría que se oscurecía por momentos. Todo el mundo charlaba, caminaba de un lado a otro y compartía conversaciones sin ver a aquella muchacha en la ventana, pálida como un cadáver y con lágrimas en los ojos que respiraba con cada vez más dificultad.

No podía distinguir nada con claridad. Estaba a punto de volver al despacho, de convencerse de que nada de aquello era posible y de que de alguna manera aquella carta debía ser un error, cuando de repente lo vio.

Había salido del edificio y había cruzado los jardines sorteando a los viandantes. Lo vio, algo alejado pero perfectamente distinguible, de espaldas, un muchacho joven y de porte elegante aunque algo descuidado que vestía un caro traje oscuro, probablemente de color azul marino. Hablaba con un hombre que llevaba una pequeña calesa y que en ese momento se encontraba detenido, próximo a una de las salidas de la universidad. Si tan sólo se quitase el sombrero... Si girase el rostro hacia un lado...
Y así lo hizo, durante un momento, justo antes de subirse a la calesa. Rosemary vio aparecer unos bucles castaños de textura perfecta, una mandíbula más bien afilada y, estaba segura aunque a aquella distancia fuese indistinguible, un lunar en la mejilla derecha. Profirió una ruidosa exclamación ahogada involuntaria, mezcla de horror y sorpresa, y en ese momento sintió un tirón en el hombro izquierdo que la apartó, al fin, de la maldita ventana. Se trataba, por supuesto, de Andrew.

-¡Rosemary! Me estás asustando, ¡Estás muy pálida! ¿Y esa carrera sin previo aviso? ¡Necesito saber si estás bien!

Ella no contestó. De nuevo, como una exhalación, entró en el despacho sin dar tiempo a su amigo a que reaccionase de ninguna manera. A tirones y con movimientos bruscos, metió la carta y el sobre, hechos una bola, en su bolsito, cogió sus pertenencias de mala manera y se dispuso a marcharse a casa a la carrera. Pero Andrew la detuvo de nuevo, cerrando la puerta.

-¡Rose! -Él debía estar también nervioso, pues casi nunca la llamaba así- Basta por favor, no comprendo por qué te encuentras tan alterada. No hace falta que me des detalles si el asunto es familiar o íntimo, pero quiero saber si necesitas ayuda y...

-¡No ha pasado absolutamente nada! Me voy a casa porque me encuentro un poco mareada- Clavó sus ojos en los cálidos ojos marrones del muchacho- No insistas más, Andrew. Con el control de Victor ya tengo suficiente.

Él resopló, disgustado. Iba a contestarle cuando Rosemary alcanzó el pomo de la puerta, pero no llegó a girarlo, pues todo su cuerpo se sacudió, haciendo que la joven se tambalease y que sus cosas cayeran al suelo. Antes de poder siquiera pedir ayuda, se encontró entre los cálidos brazos de Andrew, cosa que agradeció inmensamente, pues la vista se le estaba nublando.

-¡Rose! Rose, no cierres los ojos. Háblame. Por favor, cuéntame qué necesitas, qué te ha ocurrido...¿Qué has leído en esa condenada carta?

-Andrew...-Rosemary posó su mano levemente en la mejilla de su adorado amigo- Creo que he visto un fantasma- Fue todo lo que la damita alcanzó a decir antes de desmayarse. 


domingo, 20 de agosto de 2023

🍓✨ Reviews de fresa ✨🍓

 Reviews de fresa

😇Good Omens: Temporada 2 - Cinco teorías populares😈

A estas alturas, amigues, nadie puede negar que ni superamos a temporada 2 de Good Omens, ni queremos. La temporada ha sido definida por su creador (y escritor de la novela original junto al fallecido Terry Pratchett), Neil Gaiman, como una especie de "puente" entre los sucesos gordos que vivimos en la temporada 1 y los futuros sucesos gordos que viviremos en la temporada 3. Y sinceramente, todas las personitas que integramos el fandom estamos ROGANDO a todos los seres celestiales que conocemos (Aunque no sean siempre seres de luz, como ya hemos visto en la serie) para que nos confirmen que dicha temporada llegará pronto y de forma segura, porque el final de la temporada 2 nos ha dejado con el corazón tan roto como el que debe tener nuestro precioso Crowley, la cabeza tan llena de dudas como la que debe tener nuestro adorado Azirafel, y muchos sueños y esperanzas de un final feliz y lleno de dulzura para nuestro mariditos celestiales favoritos.

Como ya hemos dicho, después de la alucinante escena del beso que vivimos en el último capítulo, parece que nuestra pareja favorita de la eternidad HA ROTO, que todo está perdido, que Azirafel ha elegido volver a trabajar para el Cielo como arcángel superior en lugar de irse a vivir una vida tranquilita con su novio infernal y que Crowley se ha quedado, ahora ya sí, totalmente solito en el mundo. 😭💔  

Pero... ¡Ay, amigues! ¿Es eso verdaderamente lo que ha ocurrido? ¿Es que acaso el poder de un amor que ha durado SEIS MIL AÑOS se ha esfumado de un plumazo así como así? ¿Es que acaso Neil Gaiman, que ha descrito en mil entrevistas y eventos lo muchísimo que se aman estos dos seres y lo perfecto que son el uno para el otro, se levantó un día y dijo "Buf, definitivamente Azirafel rechazará a Crowley"? ¿Es que acaso Michael Sheen y David Tennant, que casi se comen a besos fuera de la pantalla cada vez que se ven y que no paran de decir lo bendecidos que se sienten por poder hacer realidad esta historia de amor, se han conformado con una ruptura? ¡PUES CLARO QUE NO! OBVIO.

Está claro que este no es, ni mucho menos, el final de esta historia, y está aún más claro que los comportamientos extraños de nuestros protagonistas en este último capítulo no son ni casuales ni tan simples y llanos. Hay muchas capas de intencionalidad detrás de cada gesto y cada palabra que los personajes manifiestan, y todo está medidito al milímetro. Y claro, los fans, cuya estabilidad emocional depende tantísimo de ver a Azirafel y Crowley perfectamente felices, no han tardado en inunda las redes sociales de varias teorías chulísimas y muy variadas que podrían dar explicación no sólo al final de la temporada 2, sino a qué rumbo podría tomar la temporada 3 y los líos de una de nuestras parejas ficticias favoritas.   

Aquí os traigo una lista con algunas de las teorías que más me han gustado, desarrolladas por el fandom, en español. Pero antes de ir al listado, os dejo la escena del beso para que la veáis en bucle y os derritáis como llevo haciendo yo unos días 💗💗💗

(Por favor, FIJAOS en todos los gestos de Azirafel y en cómo le acaricia la espalda a Crowley. NO PODÉIS NEGAR QUE AZI AMA A CROWLEY TANTO COMO CROWLEY AMA A AZI, JO 😭😭)


(¿Cómo es esto, mis niñes? ¿CÓMO ES ESTO? Cuantísimo se merecen ser felices y cuantísimo SUFREN MIS POBRES 😭)


1. LA TEORÍA DEL CAFÉ

La teoría del café es, probablemente, la más popular y la que más se ha extendido en el fandom. Es una teoría más o menos "simple" dentro de la complejidad de la historia, y parece que hay bastantes pruebas que la respaldan. ¿Será la teoría del café la más definitiva?

Esta teoría nos sugiere, simplemente, que el 💕inocente vaso de cafelito con dulce sirope de almendras💕 que Metatrón le ofrece a Azirafel justo antes de hacerle salir de la librería para hablar con él,  no es café normal. Después de todo, Metatrón (Interpretado por Derek Jacobi en la serie) es el jefe supremo de todos los ángeles, la voz de Dios y su más cercano asisitente, así que parece bastante obvio que sus poderes deben ser muy, pero que muy supremos, ¿No? ¿Qué le impediría hechizar un café para poder "hipnotizar" o manipular a un simple angelito de buena voluntad como nuestro Azi?



Esto explicaría por qué nuestro niño de rizos dorados le suelta a su amado Crowley la terrible frase "Oh Crowley... Nothing lasts forever" cuando este le pregunta por su librería. ¿CÓMO QUE NADA DURA PARA SIEMRE, AZIRAFEL? ¿Y VUESTRO AMOR QUÉ? Pero claro, pobrecito, no está en sus cabales y no sabe lo que dice... ¿Verdad? 😱 

Además de en el sexto capítulo de la temporada 2, el vaso de café azul puede verse en el opening de la serie, lo que ha hecho al fandom adoptar esta teoría como la más popular. 


2. EL ARCÁNGEL RAFAEL

La presencia de este personaje bíblico también ha dado lugar a muchas teorías diferentes dentro del fandom. Tanto en la temporada 1 como en la 2, hemos visto frecuentemente escenas en las que aparecen 3 de los 4 arcángeles principales: Miguel (Interpretado por Doon Mackichan), Uriel (Interpretado por Gloria Obianyo) y por supuesto Jim, diminutivo de James, al que a veces llaman.... Gabriel (Interpretado por el galardonado John Hamm). 
Pero falta un arcángel, uno que aún no ha aparecido en ningún momento de la serie: El arcángel Rafael.

Con una búsqueda rápida en internet, encontramos que, históricamente, se describe la figura del arcángel Rafael como "El arcángel que cura o sana; Cercano a los hombres para aliviarlos de su sufrimiento. Es uno de los arcángeles más importantes junto con Miguel y Gabriel". Es decir, que de aparecer e la serie, Rafael podría mostrar un amor bastante notable por la tierra y los humanos y un deseo intenso de protegerlos.

¿No nos recuerda esto a ciertos seres celestiales que ya conocemos? ¡Eso es! Varias teorías aseguran que tanto Azirafel como Crowley podrían ser, en realidad, el propio arcángel Rafael, y que en la temporada tres podrían recuperar su forma celestial elevada. 


-¿Por qué Crowley podría ser Rafael? Esta teoría fan sostiene que Crowley era Rafael antes de caer y convertirse en demonio, como ya hemos podido ver brevemente en esta temporada. Esto podría tener sentido gracias a la escena en la que vemos como Crowley se cuela en el cielo, en el despacho de Muriel "mimetizado" a su manera (Por cierto, outfit goals), y logra acceder a los archivos secretos de Miguel.  

La dulce e inocente Muriel le indica a Crowley: "It's all confidential, I can't show it to you. I mean, I couldn't open it if I wanted to, I don't have clearance. You'd have to be a throne, or a dominion, or above" (Trad. aproximada: Es totalmente confidencial, no puedo enseñártelo. Ni siquiera podría abrirlo ni aunque quisiera, no tengo ese poder. Tendrías que ser un trono, un dominio o tener un rango superior). ¿Y qué ocurre en ese momento del capítulo? Crowley abre los archivos secretos con UN SÓLO DEDO, y le murmura a nuestra Muriel: "I haven't always been a demon" (No siempre he sido un demonio).


Esta escena no sólo confirmaría que Crowley era un ángel con muchísimo poder (Capaz de crear planetas, estrellas y galaxias) sino que además tenía un cargo o título muy alto en el Cielo, por lo que nuestro pelirrojo favorito podría recuperar su antiguo nombre: Rafael.

-¿Por qué Azirafel podría ser Rafael? Esta teoría fan sostiene que Azirafel no ha sido Rafael en el pasado como Crowley, sino que en la temporada 3 lo veremos TRANSFORMARSE en Rafael, ocupando el lugar dejado por Gabriel como arcángel supremo, con el visto bueno del Metatrón e intentando usar sus recién adquiridos poderes superiores para proteger a los humanos y para frenar (OTRA VEZ 💀) el Apocalipsis. 

La teoría no tiene pruebas en la temporada 2 ya que es una teoría que pronostica cambios en la temporada 3, pero podría encajar ya que Metatrón le promete a Azi un puesto de poder altísimo en el Cielo, y además los nombres de Azirafel y Rafael se parecen bastante. Quizá nuestro ángel elegirá un nombre nuevo como arcángel supremo, pero muy parecido a su anterior nombre para no olvidar su esencia ni sus sentimientos por cierto ser de cabello rojo que le espera en la tierra con el corazón hecho pedazos (AY SEÑOR, CUÁNTOS DISGUSTOS 😭💔)


3. CROWLEY ES LUCIFER: LA TEORÍA DESMENTIDA

¿Cómo es esta teoría de intensa y de loca? El fandom caviló y dio vueltas a esta posibilidad tan increíble durante un par de semanas, hasta que el propio Neil Gaiman la desmintió a través de la red social Tumblr, sitio en el que contesta habitualmente a las muestras de cariño y preguntas de los fans.


Y es que los hechos mencionados anteriormente en la temporada 2, que nos demuestran que cuando Crowley aún era un ángel tenía muchísimo poder, llevaron al fandom a pensar que tal vez Crowley era el propio Lucifer, el monarca de infierno. Piel pálida, alto, con un cuerpo delgado y tirabuzones de cabello rojo cayendo por su espalda... Crowley encaja con la descripción clásica del rey del infierno. Además su gran confianza al hablar con Belcebú en multitud de escenas de la serie respaldan la posibilidad de que Crowley podría haber pasado de ser el ángel favorito de Dios al demonio favorito y la mano derecha de Satanás. Una muy interesante teoría sobre la verdadera identidad de nuestro demonio que, sin embargo, sólo podrá vivir en el universo de las fan-fiction, porque como ya hemos dicho, el autor ha confirmado que esta teoría no es canon. 😔   


4. AZIRAFEL Y LAS MENTIRAS

Esta interesante teoría nos lleva de nuevo al último capítulo de la serie y gira un poco en torno a la teoría del café, pero es diferente. 

Los fans han sugerido que, a lo largo de las dos temporadas que ya hemos visto, tanto Crowley como Azirafel han ido desarrollando sus personalidades en el mudo humano y alejándose de la totalidad esperada de sus caracteres, es decir, a veces (Muchas veces, de hecho) Crowley no es totalmente demoníaco y realiza bastantes buenas acciones, y otras veces es Azirafel el que demuestra que no es estrictamente angelical, y es capaz de realizar pequeños actos considerados no muy limpios si un bien mayor lo requiere.

Teniendo esto en cuenta, ¿Acaso no podría Azirafel haber elegido MENTIR a Crowley a propósito, simplemente para protegerle de Metatrón y de las malas intenciones del Cielo? Al fin y al cabo, el mayor sueño de Azi es arreglar "todos los fallos del sistema" para el que trabaja y regalar a Crowley su personalidad de ángel de nuevo, y si de momento tiene que fingir que no está enamorado del que claramente es SU NOVIO sólo para protegerle y no levantar sospechas ante sus corruptos jefes, sin duda lo hará. Nuestro Azi es muy sensible, pero también es extraordinariamente inteligente y posee un gran don de gentes. Es bastante posible que descubramos en la temporada 3 cuáles eran los verdaderos pensamientos e intenciones de nuestro ángel al aceptar volver a trabajar para el Cielo y al fingir que no le gustó el beso de Crowley (Porque esa parte es CLARAMENTE FINGIDA). 




5. AZIRAFEL, CROWLEY Y EL MITO DE LA TENTACIÓN

La última teoría fan que os traigo en esta review es simple, pero en mi opinión, más profunda de lo que parece, y muy romántica. Y es que esta teoría nos sugiere que lo que siente Azirafel por Crowley indudablemente es amor, peor nuestro angelito hermoso se encuentra con grandes problemas personales a la hora de aceptar estos sentimietos.

Azi es, literalmente, un ángel, y Crowley, aunque maravilloso en todo, no deja de ser un demonio. Y aunque Azi ve y ama toda su bondad y todas sus virtudes, las duras enseñanzas del cielo y su deber para acabar con el supuesto mal que representa el infierno, le hacen interpretar los sentimientos más fuertes de Crowley como una tentación a la que debe resistirse.

Quizá por eso, sus palabras tras el esperado beso de seis il años de tensión no resuelta son: "I forgive you" (Te perdono) en lugar de "AY MI CROWLEY TE AMO MI SERPIENTE HERMOSA VEN AQUÍ *Lo besa de vuelta*", tal y como nosotros habríamos verdaderamente deseado. 😝😍

Sin embargo, estoy segura de que si esta teoría se vuelve canon en la temporada 3, nuestros maridos inefables serán súper capaces de trabajar en estos asuntillos de pareja y en su capacidad para NO comunicarse apropiadamente en seis mil años a pesar de manifestar su amor continuamente, y acabarán viviendo la eternidad feliz que tantísimo se merecen.


 
La conclusión de todas estas teorías es, sin duda, que no podemos esperar a ver la que será la tercera y última temporada de Good Omens. Esperemos que Amazon se porte bien y nos confirme pronto la renovación y que Neil Gaiman se anime además a sacar un nuevo libro con el final de la historia de Azirafel y Crowley.

¿Y para vosotros, qué teoría es la más emocionante? ¿Creéis que alguna de las cinco teorías que os he traído se cumplirá en la tercera temporada? ¡Os leo encantada! Y os dejo con esta preciosa ilustración de Natasha Flores.  😇💗😈




lunes, 24 de agosto de 2015

Relato

Fusión empresarial


Apenas logró abrir un poco los ojos, lo justo para darse cuenta de que debía ser de día, y giró su cuerpo en la cama para darle la espalda a la molesta luz. Se movió ligeramente, sintiendo en sus piernas desnudas la extrema suavidad de las sábanas y la comodidad de la almohada en su rostro, y con un pequeño suspiro, volvió a dormirse...

O eso intentó, porque no tenía más sueño. Menudo fastidio eso de querer seguir durmiendo y descubrir que tu cuerpo ya ha cubierto sus necesidades de descanso completamente. Decidió pues, no intentarlo más. Soltó un pequeño gemido, se estiró lentamente, y por fin abrió los ojos.

Mientras se estiraba aún un poco más y se permitía el lujo de seguir disfrutando de la suavidad de las sábanas y las mantas que la envolvían, miró perezosa la habitación donde se encontraba. 
No era especialmente ancha, pero sí muy alta, el techo, pintado de blanco, parecía quedar lejos. Las paredes eran de ladrillo, y había apenas uno o dos cuadros pequeños adornándolas.

En cuanto al mobiliario, lo cierto es que era escaso: el enorme y espacioso colchón sobre el que descansaba estaba colocado directamente sobre el suelo, sin ningún soporte con patas donde sostenerse. Las sábanas y el forro de las almohadas eran de color vino, y la manta era mullida y de un gris oscuro. Frente a la cama había un armario de dos puertas decorado al estilo oriental, de madera oscura pintada en tonos rojos y verdes. Había una pequeña mesita de noche junto al lado derecho de la cama. No se veía nada más.

Lentamente y soltando un último gemido, Alicia Macchiarolli se incorporó y salió cuidadosamente de lo que había sido su nido nocturno. Un par de pendientes hechos de diamantes y su colgante a conjunto estaban en la mesita de noche. Sus tacones negros y su largo vestido de lentejuelas del mismo color yacían tirados en una esquina de un modo ciertamente lamentable teniendo en cuenta lo carísimos que eran. Aún portaba en su mano derecha su pulsera de perlas. Sus cortos rizos dorados estaban revueltos, y llevaba... ¿Qué demonios llevaba puesto? ¿Qué era aquello, un camisón? Mierda, aquella no era la habitación del hotel en la que se hospedaba...

Dio unos cuantos pasos vacilantes hasta el extremo derecho de la habitación, donde había un gran ventanal. En cuanto se acercó lo suficiente, comprendió por qué el estúpido sol no la había cegado como todas las mañanas: no había sol. Estaba lloviendo, de una forma copiosa además, por lo que sus ojos de color celeste no iban aquel día a conjunto con el cielo. De todas formas, brillara sol, tronara o nevara... la resaca no se la quitaba nadie. Gimió de nuevo, aquella vez por el dolor súbito de cabeza. Se agarró a una de las cortinas también de tonos carmesís, y lentamente abrió las grandes ventanas. La brisa húmeda la golpeó, refrescándola y provocándole un escalofrío, y se sentó en el suelo, contemplando el cielo gris e intentando respirar pausadamente.

¿Qué había pasado? debía hacer memoria... Lo mejor en aquellos casos, lo sabía por experiencias anteriores, era hacerse preguntas muy pequeñas y obvias, e ir avanzando a partir de aquellos sencillos puntos.

¿Dónde estaba? Vaya, primera pregunta y primer tropezón, porque no sabía en qué habitación se encontraba... aunque simplificando la pregunta... Estaba en Venecia. Sí, estaba en Venecia... hacía unas semanas que se había peleado con su papaíto, el magnate Don Macchiarolli, y había decidido coger vacaciones en su empresa, hacer una pausa... una pausa indefinida, hasta cuando le diera la real gana. Al fin y al cabo, era la hija del jefe, y a sus veintiún años, una chica con ganas de vivir un poco a su manera, sin que su padre controlara permanentemente cada uno de sus movimientos. Así que había comprado un billete de primera en un barco lujoso y bonito y se había largado de Roma a Venecia, donde había alquilado una habitación en un hotel igualmente lujoso. Sí, aquello había sido fantástico, iba de compras, a comer a restaurantes deliciosos, a reencontrarse con viejas amistades, al teatro, a las salas de danza... pero ¿Cómo había acabado allí?

Se miró el cuerpo. Llevaba puesto un camisón blanco, que se sujetaba a su cuerpo mediante unos lazos de satén de color rosa atados en sus hombros. La prenda le llegaba a la mitad de los muslos, por lo que sus torneadas y blancas piernas quedaban totalmente al descubierto, al igual que sus brazos, su cuello y el principio de su escote. En un impulso nervioso, se levantó la prenda, desesperada. Sí, llevaba puestas sus braguitas de encaje negro, pero... ¿Dónde estaba su sujetador? Giró la cabeza bruscamente en todas direcciones, con la esperanza de encontrarlo... y efectivamente. Allí estaba, colgando de uno de los brazos del candelabro plateado que había en la puñetera mesilla de noche.
Alicia volvió a pasarse una mano por los rizos del pelo y a mirar al exterior. Parecía que la lluvia había dado un tregua, aunque el cielo seguía luciendo un color gris plomizo.
¿Qué locura había hecho aquella vez? ¿Habría sido víctima de algún tipo de secuestro? Una persona de su posición social estaba realmente expuesta a aquel tipo de peligros... Su cuerpo no mostraba señal ni marca alguna de heridas o golpes, pero... ¿Y si se la habían llevado de su hotel en Venecia? ¿Y si ya no estaba en el país?

De repente, una voz masculina le taladró los oídos, un grito... No, una melodía. Alguien cantaba desde la calle.

-A Ritornello, a Ritornello, c'è una stella che brilla nel cielo...

Alicia corrió a asomarse al balcón, y no pudo evitar soltar una carcajada. Todos los músculos de su cuerpo se relajaron: quien cantaba era un gondolieri, que circulaba con su embarcación por un canal, solitario. ¿En que otra parte del mundo ocurriría aquello, sino en Venecia? suspiró, encantada por ver que no parecía haber sido secuestrada.

El muchacho paró la góndola justo debajo de la casa desde la que sobresalía el balcón donde se encontraba Alicia. Alzó su moreno rostro, adornado con una afilada perilla y un fino bigote, y le sonrió:

Buongiorno, principessa! ¿Necesita una belleza como usted algún tipo de transporte en un día tan acuoso como el que tenemos hoy?

-Yo... la verdad es que lo que más le agradecería es que dejase de gritar... No se imagina cómo me duele la cabeza.

-Aaaaaah, cara Principessa, No me diga más... Le duele la cabeza, y vive usted en el barrio más lujoso de toda Venecia... ¿Acaso no estuvo usted anoche en la fiesta de Don Giancarlo D'arago?

-¿La fiesta de...?- Alicia abrió los ojos como platos, y sin poder evitarlo, dio un saltito que hizo que el joven gondolieri pudiera gozar de una espectacular vista de su ropa interior- ¡Pues claro! ¡La fiesta de Giancarlo! ¡Claro que acudí, me invitó Grazia! Oh, la hermana del señor D'arago y yo somos amigas desde niñas, estudiamos en el mismo internado y... ¡Pero eso no importa! La cuestión es que estuve allí, me encontré con muchísimos amigos y conocidos, ¡Menuda locura! Claro que los treinta sólo se cumplen una vez, pero realmente Giancarlo se pasó... ¡No se imagina qué derroche! Y luego... ¡Caramba! ¿Qué pasó luego? ¿Por qué no volví a mi hotel?

-Cara principessa, me temo que ni yo le soy útil a usted, ni usted me es útil a mí, pues no la veo dispuesta a regresar a ese hotel que dice. Me voy pues, nuestro romance ha sido corto, intenso, y se ha desarrollado en un balcón... ¡Habéis sido mi Julieta y yo vuestro Romeo! ¡Ciao, principessa!- El pícaro gondolieri se alejó con una gran risotada.

Alicia volvió a entrar en la habitación para resguardarse de la fría atmósfera. e sentía más tranquila al poder recordar, por fin algunas imágenes de la fiesta de la noche anterior, que efectivamente había sido el culmen del lujo. Giancarlo y Grazia eran unos amigos de los más ricos que tenía. Pero el misterio de por qué no había vuelto al hotel aún quedaba pendiente. Se esforzó por pensar mientras la voz del gondolieri se iba perdiendo entre las aguas de Venecia...

-Il mio cuore è d'amore congelato...

-Me imaginé qué estarías despierta... Ciao, Bella.

Aquella voz no era la del gondolieri, y de hecho había sonado mucho más próxima, mucho más real, mucho más cercana, mucho más... a su espalda.
Alicia se giró, asustada, para descubrir a la razón por la que no había dormido en la habitación de su hotel.

-La madre que lo...-Murmuró sin darse cuenta.

Un muchacho permanecía de pie a su espalda, mirándola dulcemente y sosteniendo una bandeja en la que reposaban dos tazas humeantes. Estaba descalzo, y sólo llevaba puesto el pantalón de un pijama, de color azul oscuro. Su torso, pálido y fibroso, y sus brazos, ligeramente musculosos, estaban completamente al descubierto. Llevaba el pelo castaño corto y un poco revuelto, y una sonrisa perfecta en el rostro.

Viendo aquel espectáculo, Alicia repasó mentalmente en tan sólo un segundo todo su arsenal de sonrisas de destrucción masiva, y eligió la de ''Muchachita joven y extremadamente dulce aunque también traviesa''. Abrió mucho sus hermosos ojos celestes y dio un par de saltitos ingenuos, antes de acercarse a su conquistador sugerentemente, como si bailase en lugar de andar.

-Vaya, vaya...buenos días, misterioso anfitrión-Dio a su voz el tono justo de dulzura y picardía, algo que se le daba de muerte hacer.

Él se rió y dejó la bandeja junto a la cama.

-Pensé que un buen chocolate vendría genial para la resaca. Aunque te veo bastante espabilada...

- Si te soy sincera, no me acuerdo de absolutamente nada. Pero algo me dice que ha debido ser fantástico no dormir en mi hotel esta noche...

-¿Que no te acuerdas?-Esbozó una exagerada expresión de sorpresa- Pues podemos hacer una cosa. Antes de que te lleve a tu hotel, antes de irnos de mi apartamento, antes incluso de quitarte ese camisón para ponerte tu vestido y tus tacones, puedo... hacerte un resumen de anoche, si quieres...

Se aproximó a ella rápido como una flecha, y la pegó a su cuerpo rodeándola con fuerza por la cintura. Alicia soltó una exclamación ahogada y se estremeció ligeramente al sentir un beso ardiente en su boca. Definitivamente debía haber sido una buena noche, sí señor.

-Eres tan divertida y tan dulce, Alicia... Me gustas tanto...-La besó suavemente en el cuello un par de veces. Alicia sintió sus piernas flaquear.

-Oh Dios... gracias... esto... espera-Se apartó levemente de su amante- ¡Ni siquiera sé cómo te llamas!

Él soltó una sonora carcajada, manteniéndola agarrada de la cintura.

-¿Lo ves? ¡Eres muy divertida! Vamos Alicia, por favor... nadie se tragaría esa broma, ¡Jamás de los jamases!

Alicia examinó el rostro de su apuesto e inocente muchacho, desesperada por recordar un nombre que realmente no sabía... y de repente cayó en la cuenta de que su misterioso amante desconocido era de todo menos un desconocido. Esbozó una mueca de agobio.

-¿Fiorenzo? ¿Fiorenzo...Cadicamo?

-Alicia. Alicia Macchiarolli. Y ahora que ambos hemos dicho algo evidente, ¿Podríamos continuar?

-¡De ningún modo!-Alicia se alejó de Fiorenzo con un brusco empujón- ¿Por quién me tomas? Yo jamás me acostaría con... Oh Dios, ¿Eres Fiorenzo Cadicamo?

-Tarde para esa afirmación, querida. Ya veo que era verdad eso de que no te acuerdas de nada... y sí, por supuesto que soy Fiorenzo. Te lo dije anoche, en la fiesta...

-Espera un maldito minuto, ¡Eso no puede ser! Fiorenzo Cadicamo es... es el hijo del hombre que le hace la competencia a la empresa de mi familia, a mi empresa, al sitio donde trabajo...

-Claro. ¿Qué tiene eso que ver con que tú y yo hayamos...?

-Ese hombre-Alicia se movía de un lado a otro, retorciéndose los rizos del pelo mientras hablaba aturrullada- Ha estado poniendo trabas a la expansión empresarial de mi padre durante años. ¡Intentamos absorber su empresa y fue un completo fracaso!

-Tal vez deberían haber probado una fusión... ya sabes, como la nuestra anoche.

-¡Cállate! ¿Te parece momento para chistes?

-Por supuesto...

-¡Venga ya! Tú no eres Fiorenzo.. Fiorenzo era... era...

-Éramos amigos de niños, Alicia. Jugábamos muchísimo juntos, mi hermana Clarissa, tú y yo.. nuestros padres se reunían constantemente para tratar sus estúpidos asuntos financieros, y nosotros mientras trabábamos amistad vigilados por las niñeras.

-Sí...sí, es cierto. Pero Fiorenzo...-Alicia lo miró de arriba a abajo- La última vez que vi a Fiorenzo...

-Antes de entrar a estudiar en el instituto, ¡Hace más de diez años! te lo dije anoche en la fiesta.

-Fiorenzo no era tan alto.

-Se llama ''estirón'', Ali.

-Fiorenzo era un palillo, desgarbado y con la espalda encorvada, ni un sólo ápice de musculatura...

-Se llama entrenamiento físico-Soltó otra carcajada y se encogió de hombros.

-¡Fiorenzo tenía los dientes muy torcidos, no esa sonrisa dulce y perfecta!

-Se llama corrector dental. Y gracias, preciosa.

-¿Y LAS GAFAS? ¡Nunca olvidaré las enormes gafas de culo de botella de Fiorenzo... ¡No veía tres en un burro!

-Desgraciadamente, no he podido eliminar eso... Pero como para lo que hicimos tú y yo anoche no hace falta luz, me las quité- Fiorenzo caminó hasta la pequeña mesita de noche y abrió el único cajón que ésta poseía. Extrajo una cajita negra, de la que a su vez extrajo unas gafas enormes del mismo azul que el pantalón del pijama. En cuanto se las colocó,  Alicia no tuvo ninguna duda.

-Santa Madonna... ¡Eres Fiorenzo Cadicamo!

-Por fin, cariño.

-Y...y ayer... ¡Nos encontramos en la fiesta de Giancarlo! ¡Ahora lo recuerdo todo!

-Claro, es lo que te he dicho...

-Y... y tú.. y yo... estuvimos charlando un montón... Y Grazia también... ¡Tu hermana también estaba! ¡El camisón que llevo es de Clarissa!-Se miró una vez más, avergonzada.

-Pues claro que sí, de cuando era una niña, por eso te está tan corto. Da gracias a que lo encontré perdido entre las cajas viejas que guarda aquí.

-Y me hablaste de tu vida aquí en Venecia, me hablaste de que trabajas... con arte, eres uno de esos compradores de arte....

-Ajá.

- ...Y eso a tu padre, un animal de las finanzas, no le gusta nada, claro...

-Ajá.

-... Y entonces yo te conté, ¡Yo te conté que estoy en Venecia huyendo del ambiente controlador de mi hogar!

-Sí...

-Y nos reímos mucho, y bebimos muchísimo... tu hermana y Grazia se fueron...

-Se fueron, se fueron.

-...Y tú me hablaste de tu pisito de soltero...

-Éste en el que ahora estás. ¿A que es bonito? Está decorado según las últimas tendencias americanas...

-Pues... entonces, todo encaja.

-Como nosotros dos anoche...

-¡FIORENZO!- Alicia lo miró enojada, pero al instante soltó una carcajada. Menuda se había formado. Aquello iba a cabrear muchísimo a su padre. Era fantástico, y así se lo hizo saber a Fiorenzo mientras se tomaban el chocolate sentados en la alfombra.

-Ya te digo, mi padre va a arrancarse los poquísimo pelos que le quedan en la cabeza... ¡Es de locos!

-Lo sé, imagínate a mi padre, ¡Su niñita pequeña y rubia de 21 años... con la competencia!

-Pues menuda es su niñita... ¡Eres una salvaje en las fiestas!

-Vamos, no será para tanto....-Alicia colocó las dos tazas vacías de nuevo en la bandeja y se sentó en la cama.

-Lo que no puedo creer es que no recuerdes nada de anoche, de lo... nuestro- El apuesto rostro de Fiorenzo enrojeció ligeramente.

-Pues no, y es una pena... ¿Cómo voy a cabrear a mi padre de verdad si ni siquiera sé bien lo que pasó?

Tras casi un minuto de silencio, Fiorenzo esbozó una sonrisa que era de todo menos inocente y clavó sus ojos de miel en los de Alicia.

-Te propongo un trato... Te recuerdo ahora mismo lo que hicimos anoche y te llevo a tu hotel si me prometes...

-Si te prometo ¿Qué?

-Cenar conmigo esta noche. Y tomar un helado después. Ninguna es negociable. Lo tomas o lo dejas, Alicia Macchiarolli.

-Trato más que aceptado, Fiorenzo Cadicamo.

-¿Ves lo fácil que es hacer negocios?

-Cuantísma razón... ¿Por qué nuestros padres se llevarán tan mal?

Fiorenzo soltó una carcajada, se quitó las gafas, y dejándolas sobre las mesilla, junto a las joyas de Alicia, volvió a quemarla con sus besos mientras se tumbaban en la cama.

Alicia no pudo evitar sonreír, pensando en lo divertida y agradable que podía llegar a ser la fusión empresarial.

viernes, 21 de agosto de 2015

Relato

Los ojos buenos


El timbre sonó finamente, y la puerta se abrió tras unos segundos de espera. Se quedaron mirando, el uno al otro, como dos figurillas de cera, la muchacha que vivía en aquel apartamentito de una callejuela del centro, y el muchacho que trabajaba como recogedor de basuras por aquella zona de la ciudad.
Ella vestía una blusa negra, con las mangas hasta los codos hechas de una gasa transparente y brillante, que no hacía si no acentuar la palidez de su piel, y una falda de vuelo de rayas blancas y negras. Completaban el conjunto unas bailarinas negras y una pequeña boina del mismo color, ladeada sobre la parte derecha de la cabeza de la muchacha. El resto de la melena estaba recogida en una sencilla coleta repleta de enredos y nada bonita, que reposaba en su hombro izquierdo.
Él, por su parte, vestía toscas botas de goma negra, un mono añil con una ancha banda horizontal de color amarillo reflectante en la espalda, y una gorra del mismo color del mono con el logotipo de la empresa grabado, que ocultaba su pelo corto de color miel. Todas sus prendas goteaban agua de forma insistente y permanente.

-Buenos días... servicio de recogida de basura semanal-Él repitió aquello como lo hacía siempre, con un tono monótono aunque intentando mantener algo de simpatía. Era difícil a veces, porque su trabajo, literalmente, apestaba.

La muchacha, tan pequeña y delicada, sonrió levemente apoyada en el quicio de su puerta antes de contestar.

-¿Recogida de basura? ¿En un día como este?

-Señorita, créame que aunque es lo que más deseo, París no va a parar de acumular desperdicios por la lluvia, aunque sea una lluvia tan copiosa como la de hoy. Y así me gano yo la vida, al menos por el momento. Así que... -Se encogió de hombros, visiblemente resignado.

Ella hizo otro tanto y le tendió dos bolsas, una de desperdicios orgánicos y otra llena de envases de plástico. ''Al menos recicla'', pensó él mientras agarraba la preciada y desagradable mercancía. Con un movimiento cordial de cabeza, que hizo que la gorra salpicara unas cuantas gotas más, el joven trabajador se dispuso a marcharse, pero la chica lo detuvo dando saltitos, nerviosa.

-¡Espere, por favor! hay algo más...-Como una bailarina torpe, se giró y entró en la casa, reapareciendo a los pocos segundos con algo rectangular envuelto en un paño que habría sido beige de no ser por las manchas multicolores que lo cubrían de forma irregular. El muchacho se tensó ligeramente, y sin poder evitarlo, soltó las dos bolsas que portaba en el suelo.

-Por favor, señorita, otra vez no...

-Se lo ruego, ya sabe lo que tiene que hacer- Se mordió el labio inferior, nerviosa y apurada, y de un tirón descubrió lo que tenía entre las manos, lo que él ya sabía que tenía.
Un pequeño lienzo, de unos treinta centímetros de alto y quince de ancho, mostraba un retrato, el mismo retrato de siempre: la cara, el cuello y los hombros de un muchacho que vestía una camisa negra.

Cada semana, él acudía allí a recoger basura, y cada semana ella le entregaba sus correspondientes desperdicios, que nunca eran muchos, ya que vivía sola, y un lienzo con el mismo retrato, y cada semana le pedía lo mismo que le pidió aquella vez:

-Quémelo por favor, o rómpalo, acuchíllelo, haga, en fin, lo que sea menos perjudicial para el medio ambiente y a la vez más efectivo para eliminarlo... se lo agradezco.

-Pero...-Sostuvo el lienzo entre sus manos, la miró y se rascó la cabeza, confuso- Pero ¿Otra vez, señorita?

-Oh, lo sé, lo sé...-Ella se retorcía las manos mientras hablaba- ¡Demonios! pensé que esta vez había logrado pintarlo bien por fin...

-Pero... ¡Pero si está muy bien!- Volvió a mirar el retrato- Todas las semanas me lo entrega perfectamente pintado... ¡Caramba, pero si hasta tengo la sensación de que ya voy conociendo a este chavalillo! Estoy seguro de que si me lo encuentro por la calle, lo señalaré y diré, ''¡Eh, tú, el de la camisa negra, el de los cuadros de la artista del apartamento 10 del bloque 7!''

-¡Oh, por el amor de Dios! ¡Si es verdad que alguna vez le ve... ¡Ni se le ocurra hacer una sola referencia a mí o a ninguno de los lienzos que...!-Ella se interrumpió, y de repente lo miró directamente a los ojos. Parecía realmente una niña pequeña con aquel conjuntito de ropa y aquella expresión de inocencia absoluta. Tras unos segundos en los que no pestañeó, volvió a hablarle calmada, en un murmullo- Usted cree que es muy raro esto que hago, ¿Verdad?

-Señorita...-Él volvió a rascarse la cabeza. Desde niño había sido un muchachito con mucho ''Palique'' como decía su padre, le encantaba charlar con la gente y era simpático, y a pesar de que en su trabajo ni siquiera mantenía conversaciones con los clientes, aquella vez no pudo resistirse-  No llevo mucho trabajando de esto, apenas un añillo, pero puedo asegurarle que se aprenden muchas cosas de la basura de la gente. De usted he aprendido que es pintora, porque siempre tira brochas despeluchadas del uso, botecitos de pintura de mil colores, paños tan manchados que ni mil lavados harían desaparecer los rastros... y un cuadro. Siempre este cuadro. Y no la critico, ¿Sabe? pero admito que tengo curiosidad. ¡No entiendo por qué los tira, están todos bien pintados!

-No, no lo están... Oh, ¿Sabe qué? ¡Estoy harta de callarme este asunto, necesito contárselo a alguien y usted es el indicado para oírme! ¿Le apetece un té?

-¿El qué?

-Un té, un té... O un café, vaya, lo que prefiera usted... ¿Un zumo? tengo pastas y chocolate. ¡Vamos hombre, que no tiene por qué asustarse! ¡Sería mucho más probable que usted fuera un asesino peligroso a que lo fuera yo! ¿No se da cuenta de que ni siquiera mido un metro sesenta? ¡Y no llego a los cincuenta kilos! No soy en modo alguno rival para usted.

-No es eso señorita, no es eso... Pero comprenda usted que la proposición... y además, un día laborable... en horario de trabajo...yo tengo el camión...

-Usted tiene el camión aparcado ahí abajo, lo puede vigilar perfectamente desde mi ventanal, y además, con la que está cayendo ninguno de sus jefes estará extrañado porque termine un poco más tarde. ¡Le estoy ofreciendo descanso, dulces y explicaciones! ¡Recontra! ¿Qué más quiere?

-Pues...pues...-Volvió a rascarse la cabeza, y se quitó la gorra, empapada- ¡Pues tiene usted razón, qué corcho! Acepto la proposición, aunque espero que la historia sea corta...

-¿Ve qué bien? Claro que llevo razón, esto... ¿Cómo se llama usted?

-Oh... Timothy, señorita. Llámeme Tim, por favor, sólo tengo 23 años, no quiero tener nombre de abuelo todavía.

-Está bien, Tim, pase. Puede sentarse en una de esas sillitas junto al ventanal. Yo me llamo Nicolette. Y tutéeme, por favor. Si no le molesta, yo haré lo mismo.

Tim dejó las dos bolsas de basura junto a la puerta y entró con el cuadro aún entre las manos. El apartamento era pequeño y estaba decorado de un modo dulce e infantil, con las paredes de ladrillo adornadas con cuadros de paisajes y escenas románticas. Los muebles eran de madera clara y estaban cubiertos de cojines mullidos y tapetes bordados, y todo era de tonos claros y colores pastel, nada sobresalía.  Era cursi, pero acogedor, sobre todo en una tarde lluviosa como aquella. Desde luego, sus botas de goma sucias de barro desentonaban muchísimo, y por ello no pisó la alfombra, sino que avanzó hasta el extremo de la habitación donde estaba el ventanal pisando las pocas losas libres del suelo. Se sentó en una fina silla de forja, pintada de verde claro, y esperó sin tocar nada, echando vistazos curiosos a su camión, los pocos minutos que Nicolette tardó en aparecer con una bandeja de pastas y dulces de chocolate, dos tazas y una tetera a conjunto.

-He pensado que el té es lo mejor después de una lluvia semejante...querrás entrar en calor, ¡Sírvete!-Nicolette se sentó frente a él, en una silla idéntica pero de color celeste, y sonrió mordiendo un dulce- ¡Es muy curioso! En los meses que llevo viviendo aquí me preguntaba tu edad.. ¡No me figuré que nos lleváramos tan poco! Yo tengo veinte años...

-Pareces más joven...

-Lo sé, esta pinta de niña no es fácil de disimular... no importa mucho, en el fondo me gusta.
También me preguntaba si los basureros intentaríais adivinar cosas de los vecinos a los que atendéis... ¡Y ya veo que sí! Aunque no has acertado del todo conmigo...

-Uno, que tampoco es adivino... ¿En qué fallé?

-No soy pintora. Es sólo mi pasatiempo. En realidad soy mecanógrafa en el juzgado. ¡Puedes imaginarte qué aburrimiento! escribiendo simultáneamente, con códigos que sólo yo entiendo, todo lo que dicen el juez, los abogados y los criminales... ¡Como comprenderás, necesito crear algo con más sustancia! Por eso pinto. He pintado muchas cosas: paisajes, escenas, retratos que regalo a mis conocidos y amigos, animalitos, flores, comida... ¡Y nunca me había atascado! Porque nunca había pintado algo tan importante como lo que llevo intentando pintar desde hace meses... ¡Casi desde que me mudé a este apartamento!

-Quiero saber qué es eso tan importante, aunque antes he de decirte que ojalá pudiera yo ser mecanógrafo y no un chapuzas... Debería haber estudiao...

Nicolette volvió a soltar una risita y continuó su relato.

-Es lo más importante del mundo... ¡Estoy intentando pintar mis ojos buenos!

-¿Estás intentando pintar qué?

-Unos ojos buenos, Tim... pero no unos ojos buenos cualquiera... ¡Los ojos buenos que son para mí!

-Ojos...¿Buenos?

-Oh, no sabes lo que... naturalmente, no sabes lo que son los ojos buenos, Tim... ¡No te lo he explicado!- Nicolette se dio una palmadita en la frente y bebió té.

<<Platón dijo que los ojos son el reflejo del alma, y no podía tener más razón. Desde pequeña, me encanta mirar los ojos de la gente, ¡Son tan bonitos y tan diferentes! No hay en el mundo un par de ojos iguales, es incluso más difícil que lo de los copos de nieve... Y dicen todo de la persona, nos muestran con su color y sus formas, las emociones que sentimos, el amor que albergamos, la tristeza que nos come... ¡Los ojos son estupendos!

Con el paso de los años, me di cuenta, sin embargo, de una cosa curiosa... hay ojos malos, y ojos buenos. Hay ojos cálidos y ojos fríos. Y cada persona los ve diferentes. Si odio a alguien, ten por seguro que es porque veo maldad en sus ojos, veo frío... ¡Pero esa persona es seguro un ángel para su madre! Ella verá calor en esos ojos.. ¿Lo comprendes ahora?

En cuanto fui más mayor, una muchacha y no una niña, me di cuenta de algo... Lo tuve muy claro, oh sí. Sólo me enamoraría de aquellos ojos que fueran, a mi modo de ver, completamente buenos. Aquellos que no tuvieran maldad, aquellos que jamás pudieran hacerme daño. Aquellos que sólo pudiesen mirarme con amor.

Y los encontré Tim, ¡Oh sí! los encontré... Grandes, limpios, del color de las hojas silvestres, tan claros... que parecían limpios. Y caí en la trampa de aquellos ojos, Tim, porque me estaban tendiendo una trampa. Se volvieron fríos con el tiempo, fríos como el puñal más afilado, y como puñales me miraban, sin importar el daño que hiciesen.

En fin, acabé muy mal parada, abandonada y completamente rota durante mucho tiempo. Aquellos ojos tan fríos habían congelado a los míos, que se quedaron asustados. Juré nunca más fiarme de los ojos otra vez, pensé que todos los ojos tenían más maldad que bondad, y así pasaron los años...

...Hasta que hace unos meses, hace ya muchos meses, fui con unas amigas a uno de esos modernos bares-club. Yo no soy muy de esos ambientes en los que todo el mundo fuma pitillos y bebe cócteles, pero las chicas insistieron tanto en que me gustaría...
Y sí que me gustó, porque una vez a la semana, el bar-club ofrece espectáculos de humor y teatro para sus clientes. Estaba disfrutando de los graciosos diálogos, cuando de repente, uno de los actores se colocó bajo un foco, y alzó la vista para recitar un pasaje especialmente largo.

En cuanto le miré, no oí nada, ni vi nada más que su cuello, su rostro y...sus ojos.
Et voilà! Allí estaban, Tim, unos ojos ni muy grandes ni muy pequeños, de color marrón, no especialmente oscuros, adornando una cara fina y armoniosa, una nariz digna de un príncipe y una piel pálida y suave, aristocrática, ya sabes... Allí estaban. Allí estaban los ojos, llenos de calor y bondad. Unos ojos buenos. Los ojos que eran para mí.

Me puse nerviosísima, y me apresuré a contarles todo a mis amigas, que ya estaban hartas de mis teorías. Ninguna le dio mayor importancia, y me dijeron simplemente, que si tanto me había gustado, fuera y le hablase.
''¿Cómo voy a hacer eso?'', les grité, ''¡Mis ojos están rotos, están asustados! ¡Esos ojos tan bonitos jamás se fijarían en los míos, sería un desastre!''
Y allí me quedé, pensativa el resto de la noche, sin poder apartar de mi mente aquel rostro, aquellos ojos... y aquí sigo todavía.

No sé nada de él, aparte de que es actor, por supuesto. Desde aquella noche he intentado pintarlo, pero nunca consigo reflejar la bondad de sus ojos... Y no puedo contemplar ese rostro tan apuesto sabiendo que los ojos que pinto no son los suyos de verdad. Por eso cada semana te mando a eliminar las pruebas de mis crímenes.
Mis amigas están hartas, dicen que estoy loca, que soy como los poetas antiguos, enamorándose de cosas que no existen... Y yo misma he llegado a pensarlo... ¿Y si me lo imaginé? ¿Y si sus ojos no son los buenos, y si son malos y fríos como los demás? Me pongo tan triste cuando pienso esas cosas de él...

Y así vivo, Tim, enamorada de unos ojos a los que sólo he visto una vez.>>

-¿Qué te ha parecido mi desdicha? Decidí contártelo todo porque tú también tienes mucha bondad en tus ojos, lo vi claro al mirarlos.

-¡Demonios, Nicolette, menuda historia!- Tim estaba boquiabierto- ¡Es estupenda, estupenda! Pero no puede ser ese el final... ¡Tienes que averiguarlo todo!

-¿Cómo?

-¡Claro, mujer! ¿Cómo vas a estar enamorada del todo si ni siquiera sabes su nombre?

-Bueno, interpretaba al capitán Coquelicot...

-¡Minucias! Caray chica, tienes que volver a ese bar y averiguarlo todito... ¡Tienes que regalarle uno de sus retratos y explicarle todo eso de los ojos!

-¡No! ¡Claro que no! Además, las pocas veces que he vuelto a ir a ese bar, no era día de espectáculo...

-¡Vamos, Nicolette! Será fantástico, caramba chica, es una historia bonita, ¡Seguro que le halaga! A mí me gustaría que mi novia hiciese algo así...

-No... no se puede. Es... imposible-Bajó la vista, apesadumbrada- Jamás funcionará. Yo no debería... no debería volver a intentar pintarlo. Y no debería haberte contado nada. Lo siento mucho, pensé que entenderías...

-Lo he entendido perfectamente, Nicolette. Me gustan las historias y sé escucharlas. No es imposible, claro que no lo es... Pero estás aterrorizada.

-¿Yo?

-Escucha... todos los ojos tienen maldad, Nicolette. Todos tenemos luz, y también oscuridad, y a todos se nos ponen los ojos muy fríos algunas veces. Los ojos de tu capitán no serán cálidos siempre, y seguro que te harán pasar malos ratos, pero... Sólo porque otros ojos fríos como puñales te hicieran daño una vez no puedes renunciar a estos. Piénsalo de este modo: Has vivido, por lo que cuentas, mucho tiempo en el frío más absoluto. ¿No crees que tus ojos merecen calentarse en una hoguera acogedora?

Nicolette lloraba, sin poder evitarlo. Miró a Tim con la inocencia más absoluta, y más que nunca, pareció una niña desamparada.

-Pero... mis ojos son incapaces de mentir... ¿Qué pasa si no le gustan, si no puede amarme? ¿Qué haré, Tim? ¿Cómo podré explicarle que llevo meses intentando pintarle, y torturándome porque no consigo...?

-Escúchame. Espero de verdad que oigas este consejo: No vuelvas a pintarle. Voy a llevarme este cuadro ahora mismo y la semana que viene volveré, y nos tomaremos otro té, y no me darás ningún retrato. En lugar de ello, le buscarás, irás con tus amigas a ese bar despreocupadamente y preguntarás por él con una sonrisa, sin agobiarte. Y cuando le veas, serás sincera y educada como lo has sido conmigo.

-No puedo hacer eso, Tim...

-Entonces volveré cada semana a tomar té contigo, hasta que te convenza de lo contrario. Y no volverás a pintarle.

-Pero...

-No. Para la semana que viene deberás pintarme a mí. Y ya te encargaré más cosas. Debes decirle adiós al capitán Coquelicot.

-Pero no quiero...

-Entonces búscale.


*  *  *


-¡MARTIN! ¡DEJA DE LEER ESOS PAPELUCHOS Y ATIENDE EL MOSTRADOR!

-Señor Dupont, por favor... Es mi guión, esta noche actúo por fin en un teatro de verdad...

-¿TE PAGO PARA LEER O PARA VENDER CARNE? CHICO, EN HORAS DE TRABAJO SÓLO SE PUEDE TRABAJAR

-Pero señor Dupont, se supone que es mi descanso para comer...

-¡ACABÓ HACE SIETE MINUTOS! ¡SIETE! VAMOS, A DESPACHAR A LOS CLIENTES.

-En cuanto salga de este agujero, juro no volver a entrar en una carnicería nunca más en mi vida...

-¡TE HE OÍDO!

-Me alegro, cerdo-Susurró el muchacho. Pagarse los estudios de actor trabajando en bares había sido duro, pero cuando la dueña del bar-café donde además actuaba tuvo que recortar personal y se vio en la calle, Martin sufrió una gran desesperación. La alegría que había senido al ser contratado en un pequeño teatro para hacer una obra moderna había sido tremenda, pero como sólo era algo temporal no se atrevía a dejar su trabajo en la carnicería el señor Dupont, que al fin y al cabo era lo que le daba de comer.

´´Los comienzos son duros'' se dijo a sí mismo, ''Pero seguro que algo bueno está a punto de pasar. O al menos eso espero...''

-¿...de Salchichón?

-¿Qué?-Martin sacudió la cabeza. Mierda, estaba en el mostrador atendiendo a las viejas clientas y se había despistado.

-Digo que a parte de los filetes, me gustaría comprar un salchichón-Repitió la voz. Me lo ha pedido mi tía, figúrese... para una vez que voy a visitarla, y me manda hacer recados...

Martin sacudió la cabeza, buscando la voz dulce que hablaba entre todas aquellas clientas. Pronto la vio. Una melena ondulada aunque algo revuelta, un vestido de rayas azules y blancas, unas bailarinas y unos labios rojos. No podía tener más de veinte años. Resopló agradecido por aquel dulce en medio de tanta arpía.

-Enseguida se lo doy...-Le brindó una amable sonrisa. Sin embargo, la vio ponerse pálida, e inmediatamente, enrojecer hasta la raíz del cabello.

-¿Capitán...Coquelicot?

-¿Perdón?-Pestañeó sin comprender nada.

-Tú...usted es... quiero decir que...-Miró al suelo, muerta de vergüenza- Usted es actor...

-Sí... demonios, es increíble... ¿Cómo lo ha adivinado? ¡Apenas estoy empezando!

-Yo le vi... cuando usted trabajaba en aquel bar-café haciendo del capitán Coquelicot...

-No es posible...

-Sí... y fui... yo... volví tiempo después... a preguntar a sus compañeros... porque me gustó mucho la obra y pinté un cuadro... Es que yo pinto, ¿Sabe usted?, así que fui... pero me dijeron que usted no trabajaba allí nunca más.. y ya no tengo el cuadro... se lo llevó un amigo mío, Tim... es un buen chico, aunque un poco pesado...

-¿Un cuadro?... espere, no entiendo... ¿Usted fue a buscarme?

El dulce con piernas asintió.

-Pero...¿Por qué?

-Porque...porque...me gustó... su interpretación...-Parecía a punto de estallar de vergüenza, y seguía con la mirada fija en el suelo. A Martin le pareció demasiado encantadora como para ser real.

-¡Caramba, muchísimas gracias!-Salió de detrás del mostrador- Es usted la primera persona que me llama actor de verdad en mi vida, ¡Sólo por eso se merece un café! ¿Se lo tomará conmigo? Así podrá contarme qué le pareció la obra...

Las clientas se quejaban a voz en grito y pedían ser atendidas. El señor Dupont se iba a enfurecer, pero a Martin le daba exactamente igual.

-Yo... sí... no veo... por qué no...

-Estupendo. ¿Podría decirme su nombre? ¡Comprenda que mi primera admiradora es importante!-Rió con ganas.

-Me... llamo Nicolette. Y tutéeme, por favor...

-De acuerdo, Nicolette. Haz tú lo mismo, por supuesto. Yo soy Martin.

Le tendió la mano, que por suerte estaba recién lavada, para estrechársela. Ella aceptó y alzó el rostro. Sus ojos se cruzaron, y por un segundo, Martin no pudo respirar. Vio en aquellos ojos alegría, vergüenza, anhelos, secretos, colores, música, viento y agua, vio vida en aquellos ojos, no vio nada y lo vio todo... Y supo que quería volver a mirarlos.

-Caramba, Nicolette... tienes los ojos... enormes.

Ella sonrió cómo si nunca le hubiesen dicho nada ni remotamente parecido.

-Gracias. Tú tienes los ojos buenos.